Es evidente que vender la totalidad o parte de un despacho profesional es una decisión trascendental para los titulares del mismo, que no se puede tomar a la ligera y que suele tener dos motivaciones:
- La necesidad
- La oportunidad
La necesidad, cuando la firma va mal y no se encuentran soluciones a los males que le aquejan o bien porque no existe sucesor. La oportunidad cuando en un momento de bonanza surge una oferta que se aprovecha, para salirse del juego y entrar en el plácido paraíso de los rentistas. Nuestra experiencia del trabajo cotidiano nos confirma que con estas dos motivaciones, se buscan posibles compradores, se examinan las ofertas, se efectúan las auditorias y valoraciones, se negocian los precios y las condiciones de pago, etc. y los resultados en general no suelen ser satisfactorios. Sencillamente se ha enfocado mal el problema y por lo tanto con un mal enfoque no se puede encontrar la solución correcta.
La venta de un despacho por necesidad; el despacho no es rentable o no existe sucesor
En el primer caso, o sea el de la necesidad de vender porque la firma va mal y no se encuentran soluciones a sus problemas, podemos estar seguros que no encontraremos a nadie que nos compre sin estar convencido de que va a obtener una rentabilidad de la inversión que efectúe en un plazo razonable, lo que implica disponer de un diagnóstico certero de la situación del despacho y de una ruta clara hacia la viabilidad y la rentabilidad. Nadie se mete en un embrollo complicado ni en un pozo sin fondo, y menos aún si los que lo han creado desertan o se van y encima hay que poner dinero para ello. Más »
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