Las inversiones en formación deben ser rentables

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Conocer la rentabilidad de la formación y el impacto que tiene sobre la calidad de los servicios que ofrece la firma suscita un interés permanente en distintos sectores y muy especialmente en los despachos profesionales.

Los planteamientos acerca de la formación realizados en el ámbito interno de un despacho profesional deben quedar amparados dentro de su propia estrategia empresarial, como una vía más de acción, pues conocer la rentabilidad de las acciones formativas y su impacto sobre la calidad del servicio permitirá establecer y adoptar decisiones ajustadas a los objetivos de la firma.

El continuo cambio tecnológico existente en la sociedad actual aparece como un factor adicional dentro del entorno que rodea a los despachos profesionales y exige la continua adaptación de las funciones y tareas específicas de cada puesto de trabajo. Ello hace necesaria una permanente actualización en el conocimiento de las nuevas técnicas, tanto para niveles directivos como para profesionales y administrativos, dentro del ámbito de la propia firma.

Invertir en formación teniendo en cuenta la estrategia de nuestro despacho

Para establecer unas metas u objetivos, el despacho deberá analizar su estrategia y evaluar a sus clientes, colaboradores, competidores, así como a su entorno legal, económico, social y medioambiental. Así mismo, analizará internamente qué procesos se siguen para ofrecer y prestar los servicios, así como la estructura de recursos financieros, materiales y humanos. Sobre esta base, se tratará de maximizar el beneficio. Para alcanzarlo, se evaluarán constantemente los anteriores factores y se determinará en qué medida contribuyen, positiva o negativamente, a su generación. Deben analizarse hechos o situaciones limitativas para encontrar soluciones que, estructuradas como estrategias de respuesta concretas, se enfoquen hacia la resolución de los referidos problemas.

La formación es una de las posibles estrategias, pero no la única. Es decir, puede no ser la única estrategia puntual de respuesta a problemas concretos identificados en la firma. Ante una carencia determinada, el despacho puede optar entre formar a sus empleados y contratar a nuevos ya formados o incluso acudir a empresas especializadas a las que puede subcontratar un servicio puntual.

La decisión que tome dependerá de la urgencia que tenga en solventar las debilidades y carencias a las que se tiene que enfrentar. Fundamentalmente es un problema de plazo. Si es muy urgente, el despacho se verá forzado a adquirir nuevos recursos en el exterior. De lo contrario, podrá adoptar con comodidad la estrategia de la formación con una idea de solución a largo plazo, o incluso a medio plazo, pero nunca a corto.

Al ubicar la formación en un contexto de análisis de su rentabilidad y calidad tenemos que considerar un doble enfoque. Un primer nivel, cualitativo, se orientará a comprobar si se ha conseguido alcanzar los objetivos pretendidos (calidad); en el segundo, el cuantitativo, se tratará de conocer la rentabilidad obtenida. Tiene un punto de partida, o debe tener un punto de partida, que es el conjunto de las debilidades, tanto las anteriores ya identificadas como las futuras y estimadas.

Algunas cuestiones a plantearse para planificar nuestro plan de formación:

  1. ¿Qué áreas y profesionales del despacho necesitan formarse más...?
  2. ¿Qué objetivos de crecimiento nos hemos marcado? ¿Qué tipo de formación nos ayudara a conseguir dichos objetivos?
  3. ¿Qué nuevas habilidades y conocimiento en tecnología necesitaremos?
  4. ¿Qué mejoras o nuevos servicios queremos ofrecer a medio plazo?
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